El sr Buda ha dicho: que no hemos de creer en lo dicho, simplemente porque ha sido dicho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores como tales; ni en los escritos de los sabios, porque ellos lo han escrito; ni en las fantasías que sospechamos nos han sido inspiradas por un deva (es decir una supuesta inspiración espiritual); ni en las deducciones basadas en alguna suposición casual que hemos hecho; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, sino que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y conciencia. "Por eso" dice, "les he enseñado a no creer por el sólo hecho de haberlo oído decir; pero cuando crean con toda conciencia, entonces actúen de acuerdo a ello, con plenitud".

28 ago. 2011

UNA OPINIÓN QUE VA MAS ALLÁ DE LIBIA Y SU CONTEXTO.


UNA VISIÓN DIFERENTE A LAS QUE NOS TIENE ACOSTUMBRADO LOS GRANDES MEDIOS DE FACTURACIÓN ,QUE POR LA FUERZA DE SU CAUSA LES IMPIDE , LES INHIBE, SE COARTAN LA POSIBILIDAD DE UTILIZAR EL
ESPACIO DE LIBERTAD QUE EL SISTEMA LES PERMITE.



ESTA ES UNA VISIÓN DIFERENTE ,COMO DECÍAMOS, QUE ESCUCHAMOS, PERO QUE NO DIFIERE DEMASIADO DE NUESTRA LÓGICA,LA CUAL, BÁSICAMENTE CRITICA LA OBSECUENCIA HACIA LOS MAS PODEROSOS EN DESMEDRO DE LOS MAS DÉBILES POR PARTE DE QUIENES NOS DEBERÍAN DE PROTEGER.



Mientras que la OTAN ha comprobado tener la capacidad para matar a miles de soldados Libios desde los cielos, ha fracasado en darles respetabilidad a los forajidos “rebeldes” bajo su ala, presentándolos como luchadores por la libertad. Éstos, sin embargo, no deben de acostumbrarse mucho a la luz de los reflectores, la que con seguridad se apagará cuando su utilidad como títeres de la OTAN se evapore. Mientras tanto, para este escritor, los cuerpos carbonizados de sus soldados le han asegurado ya a Libia un lugar en la historia.

La historia no se ha terminado – no por un buen rato – pero la saga de la resistencia Libia contra el poderío de la superpotencia de los Estados Unidos y sus degenerados aliados neocolonialistas ocupará, con toda seguridad, un lugar muy especial en la historia.

Por cinco meses, comenzando el 19 de marzo, las fuerzas armadas de un país pequeño de seis millones de personas se atrevieron a desafiar los sistemas más avanzados de armas que existen en el planeta, en un terreno sin cubierta alguna virtualmente, contra un enemigo capaz de matar todo lo que se pueda ver desde el cielo o con sensores electrónicos. Día y noche, los ojos de la máquina de guerra Euro-Estadounidense miraban desde el espacio las posiciones de los soldados Libios con el objetivo de incinerarlos. Aún así, las fuerzas armadas Libias lucharon con un heroísmo que recuerda a los soldados leales a la República Española bajo el sitio Alemán, Italiano y los fascistas de su país, a fines de la década de 1930.

Los Alemanes, Italianos y el Generalísimo Franco ganaron esa guerra, igual que los Estadounidenses, Británicos, Franceses e Italianos a la larga pudieran superar al ejército Libio. Pero no pueden darles honor ni legitimad nacional a sus lacayos de Bengazi, que no han ganado nada más que una etiqueta de servicio a los jefes extranjeros. Los llamados rebeldes no ganaron una sola batalla, excepto como entrantes a pie de una producción militar Euro-Estadounidense. Son un poco más que extras para un teatro imperial, una chusma que viajó a combatir bajo la sombrilla protectora del dominio de espectro total Estadounidense del aire. Avanzaron a lo largo de caminos ya regados con los cuerpos carbonizados de hombres mucho mejores que ellos, que murieron desafiando al Imperio.

Una cosa es segura: los Estadounidenses y los Europeos jamás han respetado a sus sirvientes. Los llamados rebeldes de Libia no serán diferentes.

Washington, Paris y Londres saben perfectamente bien que fueron sus 18,000 misiones aéreas, sus misiles crucero, sus helicópteros de ataque, sus satélites y drones, sus sistemas de mando y control, sus armas, y su dinero, lo que logró matar o herir posiblemente a la mitad del ejército Libio. No la basura de Benghazi.

Los rebeldes no deben de tomarse en serio ser adulados por las ridículas hordas de los turistas de los medios corporativos que han venido a Trípoli a registrar el final de la guerra de cinco meses. Son porristas muy bien pagados. Y aunque pareciera que están vitoreando a los rebeldes, no se dejen engañar – al final del día, los medios corporativos Occidentales solo vitorean a los de su propia ralea. Están celebrando lo que ellos creen es una victoria sobre el demonio Libio que ellos han ayudado a construir en la mente de sus conciudadanos.

El año próximo, rebelde, ese demonio puedes ser tú. O el año próximo, pudieran ser muchos Libios, incluyendo los que no eran amigos del Coronel Gaddafi. Los Estadounidenses tratan a sus subordinados como a niños que necesitan supervisión – y existe cierta lógica en esto, pues quien quiera que le confíe la soberanía y los recursos de su país a los Estadounidenses, es, o exageradamente estúpido u verdaderamente corrupto.

Pero el honor de Libia y su lugar en la historia ya han sido asegurados por un pequeño ejército Africano que se sostuvo casi medio año contra los bárbaros de la OTAN.

Por: Glen Ford
Agosto 27, 2011.